lunes, 28 de diciembre de 2009


El ser humano trabaja en función de motivos, los cuáles son el combustible de las acciones, a través de esos motivos se logran cosas inimaginables e increíbles. Ahora bien, para que esos, “motivos”, sean esenciales tienen que conformar o ser una tercera persona.
El hombre se desenvuelve y lucha aún mas cuando lo hace por otro, es una cualidad innata, inalienable. Cuando la causa se basa en un tercero, se despierta un espíritu efervescente de lucha, decisión, la energía que recorre cada acción es inagotable; así se han logrado las grandes victorias del mundo, en defensa, protección y conservación de los objetivos basados en otros.
Un ejemplo de lucha para un tercero, es el caso de la madre al hijo. Particularmente sucede, que la madre trabaja en función de una mejor vida, la felicidad, el bienestar, de su hijo. Muchas veces la madre basa su felicidad en la de su hijo (un tercero), el representa su motivo de vida, su combustible, aquella energía que recorre cada centímetro de su cuerpo, con la cual logra concretar impresionantes acciones. De esta forma la madre al tener “ÉXITO” con su hijo, es decir, que sus objetivos en cuanto Las condiciones que rodeen a su progenitor, sean las más favorables, se sentirá satisfecho, feliz, realizada.
Ahora bien ¿qué sucede cuando, motivo de vida eres tú mismo? Tú eres la esencia, la energía, que te alimenta. Es mas difícil, más complejo ya que suena egoísta en cierto modo, pero más que eso, se convierte una triste concepción y hasta cierto punto riesgosa, ya que las constantes depresiones y obstáculos te afectan directamente, adolecen tu ser. Promover ánimos a sí mismo, es lo más complejo, si te encuentras hundido en un mundo donde te sientes asilado solo. Esta actitud tiene tendencias a desanimar, entristecer: como se manifestó antes
EL COMBUSTIBLE DEL ALMA HUMANA SON LOS TERCEROS NUESTROS SEMEJANTE”.

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